Experiencia Erasmus

Dicen que vivir un tiempo en el extranjero te cambia la vida y en Nexo Residencias damos fe de ello. Queremos animarte a salir de tu zona de confort con información de primera mano. Sandra, del equipo de Lope de Vega, nos explica su experiencia en primera persona y comparte sus secretos para ayudarte a vivir un Erasmus inolvidable.

Hace unos años no tenía ni idea de lo que eran Trakai, Vilna o Sigulda… Pero hoy en día me traen recuerdos de una de las mejores épocas de mi vida: nuevas amistades, lugares, sabores, aromas… Todo lo que viví durante mi época Erasmus.

El Erasmus empieza justo en el momento en el que decides irte. Uno de los principales motivos por el que los españoles decidimos irnos de Erasmus es el idioma. Vivir por tu cuenta en un país extranjero es una de las formas más efectivas -y drásticas- de aprender una nueva lengua.

Una vez has decidido irte, toca elegir destino. La universidad te ofrecerá una gran lista de posibilidades, pero debes tener presente las que más se adapten a lo que estás estudiando. En mi caso, una de las plazas ofertadas era en Italia, pero como quería mejorar mi inglés la descarté, todos sabemos que entre españoles e italianos podemos entendernos en itagnolo.

Cuando ya has descartado las zonas que no se ajustan a lo que necesitas toca elegir entre las finalistas, en mi caso: el Báltico o el noreste de Europa. Finalmente, me decanté por el Báltico porqué los países nórdicos se escapaban de mi presupuesto y, la verdad, ¡fue lo mejor que puede hacer!

Con el destino fijado y decidido, empieza la parte más aburrida del Erasmus: el papeleo. Si estás pensando en irte de Erasmus, ten en cuenta que tendrás que presentar tu certificado de inglés, certificado de notas, carta de motivación… Así que, si te estás planteando vivir esta experiencia, no pierdas tiempo y empieza a buscarlos.

Una vez superada la parte más burocrática del proceso, toca buscar techo. Es esencial que el alojamiento esté cerca de la universidad y del centro de la ciudad, ya que moverte en transporte público en según qué ciudades, puede ser una odisea.

En mi caso, la universidad estaba en el centro y en un principio pensé en irme a vivir a un piso. Pero encontrarlo fue casi tan difícil como para Indiana Jones buscar el Arca Perdida. De hecho, no lo conseguí. Consulté miles de webs, la mayoría estaban en letón/ruso y, además, pedían comisión y un contrato mínimo de un año (y mi erasmus, como muchos, era de 6 meses).

Al final, me sonrío la suerte y encontré una residencia donde se alojaban estudiantes, la mayoría también Erasmus, y donde se hablaba sobre todo en inglés.

La residencia se organizaba en pisos; el mío era de tres personas. Mis compañeros fueron un alemán y un español con quienes sigo teniendo relación. Ya verás, la convivencia une muchísimo: lo que ha unido el Erasmus, que no lo separe la distancia.

Cuando se va acercando la fecha pensarás en todo lo que te tienes que llevar; en mi caso, ropa para temperaturas tropicales y abrigos para un clima casi polar. Parece imposible, pero con paciencia y muchos tutoriales de YouTube, lograrás cerrar tu maleta.

Una vez en el avión, te harás miles de preguntas: ¿me habré dejado algo?, ¿me estoy yendo al sitio correcto?, ¿estaré perdiendo el tiempo? Respira, estás a punto de empezar una experiencia súper enriquecedora.

Cuando llegué a mi nuevo barrio, encontré algo completamente distinto a lo que conocía. Mi zona era una mezcla muy curiosa entre el estilo soviético y el art noveau, por lo que era bastante lúgubre, pero a la vez tenía mucho encanto.

Durante tu día a día te encontrarás con pequeños retos por resolver. ¿El primero? hacer la compra. Aunque intentes comprar los mismos ingredientes que comes en casa, no te engañes, la tortilla de patatas no estará tan sabrosa como la de tu abuela.

Yo intenté aprender a cocinar, pero con el tiempo caí en la dieta Erasmus: pasta para desayunar, pasta para comer y pasta para cenar. Aunque debo decir que me hice una verdadera especialista, mis amigos italianos me enseñaron cómo hacer la pasta al dente y la auténtica salsa napolitana. A cambio, les conté el secreto de una buena sangría y les descubrí el kalimotxo. Otro de los temas que debes tener en cuenta son los horarios. Los horarios no tienen nada que ver con los que puedes tener ahora. Cuando estás de Erasmus cualquier día es bueno para una buena fiesta y no existen excusas para no salir: party all day, all night. Eso sí, aunque tengas muchas ganas de fiesta, recuerda que, en algún momento, tendrás que estudiar… y mucho.

Las clases tampoco serán como las conoces, los apuntes los tendrás que coger en otro idioma y, aunque parezca que no, al principio cuesta acostumbrarse. Tus anotaciones estarán en spanglish, pero seguro que te sacas los exámenes con nota.

Lo mejor de la experiencia Erasmus es conocer otra cultura y empaparte de ella: su gastronomía, su gente, sus tradiciones… Por ejemplo, ir a un partido de hockey por primera vez y descubrir que es el deporte de tu vida. Viajar durante tu Erasmus es un must. Si te organizas puedes viajar a muchísimos sitios sin dejarte el presupuesto en ello, así que empieza a hacer una lista con los destinos que te apetece conocer y prepara la mochila.

Organizarás muchas escapadas en grupo y, de todas ellas, tendrás un bonito recuerdo. Aunque también es interesante hacer un viaje por tu cuenta. Prepara un buen planning y busca chollos; así podrás visitar varias ciudades por muy poco dinero. Recuerda aprovechar los free tour allá donde vayas. Son tours gratuitos con los que conocerás los principales puntos de la ciudad a cambio de “la voluntad”. Volverás del Erasmus con complejo de Willy Fog.

Los meses de Erasmus dan para mucho, conocerás gente, te enamorarás de ciudades que no conocías, probarás sabores nuevos, mezclarás idiomas, viajarás para conocer otras culturas, y, sobre todo, te conocerás a ti misma (o a ti mismo). Cuando estés en el avión volviendo a casa sabrás que has vivido una de las mejores épocas de tu vida.

Once Erasmus, always Erasmus.